tener serias consecuencias para la vida del planeta. Entonces, los pueblos indígenas buscan el ‘buen vivir’, pero dentro de un sistema planificado, no de súper explotación, sino de una explotación racional”, añade Tomás Huanacu, del Consejo Nacional de Ayllus y Markas de Qollasuyo, de Bolivia. Huanacu hizo referencia a los 10 mandamientos para salvar el planeta presentados por el presidente boliviano Evo Morales Ayma en la inauguración del VII Foro Permanente de los Pueblos Indígenas de la Organización de las Naciones Unidas, realizado en abril en Nueva York, EEUU, en el que plantea que para salvar el planeta hay que erradicar el modelo capitalista que fomenta el consumismo, el individualismo y el afán de lucro. “Queremos que todos puedan vivir bien, que no es vivir mejor a costa del otro. Debemos construir un socialismo comunitario y en armonía con la Madre Tierra”, dice el último de los 10 mandamientos de Morales. Este concepto está siendo recogido por la Asamblea Nacional Constituyente de Ecuador. Al momento ya han sido aprobados cuatro artículos referidos al régimen de desarrollo, y el primero de ellos hace referencia a la “realización del buen vivir”. “El buen vivir requiere que las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades gocen efectivamente de sus derechos y libertades, y ejerzan responsabilidades en el marco del respeto a sus diversidades y la convivencia armónica con la naturaleza”, dice ese artículo. Luis Ángel Saavedra, presidente de la Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (INREDH) de Ecuador, quien participó como ponente en la Cumbre de los Pueblos, señaló que el concepto de buen vivir se proyecta en tres planos: individual, comunitario y de la naturaleza. Individual, al fomentar una vida sobria, basada en la satisfacción de las necesidades, es decir, en la vigencia de los derechos económicos, sociales y culturales, pero alejada del consumismo y de lo suntuario. Comunitario, en donde los índices de desarrollo humano se miden en lo colectivo: todos los derechos para todos y todas. Y de la naturaleza, conceptuada como la Pachamama, no sólo como el entorno o el medio ambiente sino como la fuente de vida y la única posibilidad de sobrevivencia de la especie humana. “Una naturaleza con derechos es inaplicable en el marco del libre mercado”, señaló Saavedra, e indicó que este también es un tema que ha entrado en debate para ser incorporado en la nueva constitución de Ecuador, como ya lo fue en la constitución aprobada en Bolivia, que será sometida a referendo para entrar en vigencia. El buen vivir es una ruptura con los dogmas del mercado que promueven el consumismo, la competencia entre las personas y la acumulación monetaria como sinónimo del poder sobre el otro, puntualizó Saavedra. Obstáculos y desafíos La ecuatoriana Magdalena León, del Comité Foro Social de las Américas, se refirió al buen vivir como un nuevo paradigma que enfrenta en su avance obstáculos como la acumulación y la competitividad. “Incluso en las propuestas que aparecen como innovadoras o alternativas está presente la idea de que no cambia la acumulación sino que lo que hay que cambiar es la forma de distribuir: vamos a ir acumulando de la misma manera y luego vemos cómo redistribuimos un poco”, indica León. También está muy arraigada la idea de competitividad, explica León, “como que los avances en la economía se dan naturalmente porque competimos los unos contra los otros como individuos, como colectividades, como países, como regiones. Nada más alejado de la noción de buen vivir que se sustenta en reciprocidad, en cooperación, en complementariedad”. Pero para quienes promueven la construcción de nuevas relaciones sociales basadas en el buen vivir, el desafío fundamental para hacerlo posible es generar formas de relaciones armoniosas entre los seres humanos. “Es incompatible, por ejemplo, que en las relaciones sociales exista la división sexual del trabajo, una subestimación y explotación, un desconocimiento del trabajo de las mujeres”, afirma León. “No puede ser que tengamos un discurso de defensa de la vida pero al mismo tiempo desconozcamos los derechos de las mujeres de autodeterminación reproductiva”. El buen vivir es una concepción indígena pero no por ello es vista por sus promotores como privativo de los pueblos indígenas, sino como un legado de los pueblos indígenas a la humanidad, para construirlo conjuntamente. “Sólo puede ser construido en un escenario de diversidad y pluralidad”, asevera León. |
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